Con el fracaso del diálogo político para destrabar el proceso constituyente, Bolivia termina una etapa de diálogo tenso y avizora un periodo de imposición de reformas radicales impulsadas por la mayoría gobernante, según se desprende del último mensaje enviado por el vicepresidente Álvaro García Linera.
La respuesta de algunos sectores de la oposición, especialmente en el Comité Cívico de Sucre, no se ha hecho esperar, rechazando el discurso del gobierno y amenazando con bloqueo de caminos y huelga de hambre.
Ésta no es la primera vez que el gobierno de Evo Morales enfrenta una situación de tensión en sus casi dos años de gobierno, pero lo que sí se observa en ese periodo es la aparición o resurgencia de viejos y nuevos conflictos.
A modo de ejemplo:
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Tensión entre oriente y occidente
: especialmente entre Santa Cruz -la zona más próspera de Bolivia- y La Paz. No se trata de un conflicto nuevo, pero los cambios que el gobierno de Evo Morales ha llevado adelante e intenta impulsar ha provocado el rechazo en esa región, principalmente en los grupos empresariales y las élites sociales. A ello, se suma la situación de que Santa Cruz se ha convertido en la principal plaza de la oposición conservadora en el país.
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La batalla por la capital
: un viejo conflicto que data de principios del Siglo XX y que había culminado entonces con el traslado de los poderes Ejecutivo y Legislativo a la Paz y que con el surgimiento de la Asamblea Constituyente, volvió a aflorar con la demanda de Sucre para ser reconocida nuevamente como capital plena.
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Gobierno central versus prefecturas
: La mayorías de los gobiernos regionales o prefecturas no se identifican con la mayoría gobernante o son de la oposición y esto ha hecho que el diálogo haya sido por demás tenso.
Éstos son algunos ejemplos, se puede añadir las tensiones que el gobierno de Evo Morales ha tenido dentro de sus propias bases, como los enfrentamientos surgidos entre cooperativistas y mineros asalariados en octubre de 2006 o tensiones surgidas también dentro de las propias bases cocaleras o con grupos sindicales como los del transporte.
Entre la tensión y el diálogo
En cierta medida, puede decirse que todo ello refleja la aparición de viejos y nuevos anhelos en un periodo lleno de cambios.
Hasta ahora, el gobierno ha logrado de alguna forma resolver la situación y casi siempre encontrar un mecanismo de diálogo, incluso en los momentos más extremos. Algo que de alguna manera se repite en este país, acostumbrado a llegar a momentos de extrema tensión para luego buscar una solución concertada.
Sin embargo, el fracaso del diálogo en la Asamblea Constituyente -una de las principales plataformas electorales de Evo Morales- y la amenaza de imponer cambios radicales puede llevar a Bolivia, el país más pobre de Sudamérica, a vivir más convulsiones.
Sin duda un escenario difícil que, por el momento, el gobierno ha respondido con la amenaza de imponer cambios radicales y cerrar la opción de diálogo con lo que considera es una minoría oligarca. En otras palabras, se trata de imponer lo que algunos califican como un "rodillo".
Sin embargo, ¿podrá el gobierno evitar que el país se vea arrastrado a un escenario de convulsión total si cierra la puerta del diálogo?
Bolivia tiene una larga tradición de llegar a límites y luego buscar consensos y soluciones. Sin embargo, hasta ahora, estas soluciones siempre han sido parciales y sólo han apaciguado la tensión.
Tal vez gobierno y oposición se encuentren hoy ante la necesidad de dar un paso más allá y dejar atrás una historia de imposiciones o bloqueos.